| Estas leyendas fueron extraidas del Libro
"Le Regioni D'Italia" Paesi-Citta Tradizioni Leggende Editorial
Amz Edipridice y traducidas por la profesora Maria Di Blatto |
P
I E M O N T E
En el año 1644, en una casita de Torino,
vivía una familia pobre pero feliz.
El padre era zapatero, la madre, Rita Molar, se ocupaba de la casa y de
la pequeña Margarita, la única hijita.
Un buen día de abril, madre e hija se pusieron alegremente en camino:
necesitaban llevar el grano al molino porque la amasadera estaba casi
vacía.
Era una fiesta para la mujer y para la niña aquel lindo paseo,
y era también la ocasión para visitar a la molinera, una
querida amiga de la familia.
Ya en el molino, la mujer depositó con un suspiro de alivio la
pesada bolsa y abrazó a Josefa, la amiga. El molinero entre tanto,
arrojaba el trigo en la tolva. Mientras la piedra de amolar giraba quebrando
el grano, la pequeña Margarita corría alrededor observando
cada cosa con gran interés.
Vio una puertita y, no sabiendo frenar su curiosidad, la abrió
de golpe y .... como sobresalía la rueda del molino fue arrastrada
por el golpe y la pequeña voló en el remolino. Un alarido
espantoso se escuchó: ya las palas habían agarrado el cuerpecito
que asomó dos veces del remolino y después desapareció.
La madre, retenida con mucho esfuerzo por sus amigos, mientras los trabajadores
del molino con largas varas trataban de recuperar al menos el cuerpito
destrozado, se dejó caer de rodillas delante de una imagen de la
Virgen puesta sobre un pilote cerca del torrente. Sabía que pedía
lo imposible, también le pareció que la Virgen se movía
y sobrevolaba ligeramente sobre las aguas turbias del remolino. Mientras
de la multitud surgía un grito : ¡ Milagro, milagro !, se
vio la niña emerger viva del río y tendiendo los brazos
invocando a la mamá.
La Dama Real, María Cristina de Savoia, quiso que alrededor del
pilote se hiciera una iglesia en recuerdo de la maravilla.
Todavía hoy la población piamontesa llama al bello santuario
“ La Virgen del Pilote “.
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A B R U Z Z O
Había una vez, cuentan los abruseses, un
pobre viejito que trabajaba mucho, pero que vivía con su mujer
en la más escuálida miseria.
Un día, mientras trabajaba suspirando y refunfuñando, se
le presento un majestuoso señor con una larga barba blanca que
le dijo :
- Quiero ayudarte. Aquí tienes un lindo don – le dio una
bolsa con cien ducados de oro.
El campesino, cuando regresó a la casa, escondió el montón
de dinero en medio del estiércol así, pensó, su fortuna
estaría asegurada.
El día después fue a trabajar como siempre, cuando regresó
a la casa, a la tarde, encontró la mesa insólitamente preparada.
- ¿ Cómo has hecho ? – preguntó estupefacto
a la esposa.
- He vendido el estiércol – respondió la mujer.
- ¡ Desgraciada ! – gritó el marido fuera de si por
la cólera – has echado a andar cien ducados de oro !!!
El día después, el viejito, trabajando en el bosque, lloraba
y suspiraba más de lo habitual.
Volvió el buen señor de la barba blanca:
- He sabido lo que te ha pasado, aquí tienes otros cien ducados.
El viejo, ésta vez, los escondió debajo de las cenizas,
sin decirle nada a su mujer.
Pero quiso el destino que la esposa vendiera las cenizas.
Regresó el desconocido:
- Ésta vez no te doy más dinero – dijo el desconocido
y le dio una bolsita que contenía un extraño don : veinticuatro
ranas.
El viejito las cambió por un gran pescado, a la noche, para que
esté fresco, lo colgó afuera de la ventana. Se dio cuenta
con estupor que emanaba una vivísima luz. A la noche hubo tormenta.
Los pescadores, perdidos en la oscuridad, vieron la luz del pescado y
se orientaron. Agradecidos, llevaron al viejo la mitad de lo conseguido
de su pesca.
Desde entonces el pescado luminoso se quedó en su lugar, como un
primitivo faro. Y el viejito, con las donaciones de los pescadores, sus
amigos, no supo más que cosa quiere decir la miseria y el hambre.
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V
A L L E D E A O S T A
En las leyendas que se narran a la noche en los
pueblos del Valle de Aosta, el amo diablo tiene mucho que ver y los montañeses
se vanaglorian seguido de ser más astutos que él.
Uno de los más feroces adversarios del demonio fue San Martino,
que dejó su nombre en un pueblito situado en la entrada del Valle.
Había una vez, en aquellos lugares, un pueblito de gente pobre
que se contentaba con trabajar magros campitos. Pero un mal día,
un huracán abatió con violencia y destruyó el molino
del pueblito.
Fue una desgracia para todos los pobres pueblerinos. Enseguida el diablo
fabricó uno bellísimo y pensó :-“ Tendrán
que venir a mi si quieren moler el grano, y yo me apoderaré sin
trabajo de sus almas”.
Pero había hecho las cuentas sin Martino. El Santo, a la noche,
fabricó un molino de hielo tomado del glaciar. En las primeras
luces de la mañana, el molino brillaba como un diamante. Furioso
el diablo gritó : - “ Hagamos un cambio: yo te doy el mio
y quiero el tuyo”. El cambio fue hecho.
Llegó el verano, el grano maduro tenía que ser molido. Pero
el molino de hielo ya se había desarmado. Así todos fueron
al molino de Martino y el diablo fue avergonzado y desilusionado.
Por su numerosos viajes, San Martino terminó con la capa toda rota.
Llegó un día a Issime, era domingo y él entro a la
iglesia para rezar, viendo aquella capa toda rota la gente se apartaba.
Martino se dio cuenta y, para no molestar a nadie, tomó la capa
y la apoyó .... en un rayo de sol que,
penetrando de la ventana, atravesaba la iglesia.
Aquella maravilla indujo a los pueblerinos a mirar a Martino con otros
ojos y a acercarse a él, llenos de respeto y devoción.
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L O M B A R
D I A
El nombre del pueblo de Corbetta, a pocos kilómetros
de Milán, tendría un origen cómico debido a una antigua
leyenda.
Era una noche oscura y con neblina, una de aquellas noches que, como se
dice en Lombardia, la niebla se corta con el cuchillo.
Un caballero, todo envuelto en una capa al modo militar, montaba su mula
por una de las calles de los suburbios hacia el campo abierto, incitándola
a tener un buen paso. Hacía frío y la mula deseaba refugiarse
en un tibio establo de Milán, en cambio, trotaba con coraje, alejándose
cada vez más de la ciudad, al menos así le parecía
al misterioso caballero. En un cierto punto el caballero aflojó
las riendas inmerso en profundos pensamientos y dejó que su cabalgata
elija el camino a su gusto... –“ Ahora ya estaremos bastante
lejos de Milán” pensaba, -“ Beta, mi mula es una buena
caminadora. Estaré lejos para cuando a mis milaneses se les habrá
pasado la linda idea de elegirme obispo de su ciudad, justo yo que soy
un militar”.
Toda la noche, hombre y cabalgadura viajaron de buena gana. Cuando el
alba asomó, Ambrogio miró a su alrededor, curioso por saber
donde estaba después de trotar por calles sinuosas y desconocidas.
Se dio cuenta con estupor que su mula había girado alrededor de
la ciudad toda la noche, y que se encontraba todavía en Milán.
Ya la gente salía de las casas y se agolpaban a su alrededor. Enseguida
Ambrogio insitó al animal a cambiar dirección y , curvándose
sobre la silla de montar, gritó con espanto, usando aquel dialecto
que ya le resultaba familiar: “Cur , Beta.....cur Beta”, o
sea : “ Corre Beta, corre Beta “. Pero fue en vano. Todas
las campanas de la ciudad se habían puesto a sonar con toda sus
fuerzas para anunciar a la población que el futuro Gran
Obispo estaba entre ellos. Ambrogio tuvo que ceder a la voluntad del pueblo
y del Cielo.
Pero el pequeño pueblito, desde aquel día, quedó
con el nombre del grito de Ambrogio : “ Cur Betta...” Corbetta
exactamente.
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B A S I L I C A T A
En la pobre cabaña reinaba la más
oscura tristeza.
El padre había muerto, la pobreza y el hambre oprimían a
sus dos pobres hijitos: Frungillo y Menicuzzo, quedaron solos con su madre.
- ¿ Cómo se hace ahora ? – preguntaba desconsolada
la mujer.
Y los dos niños, no sabiendo que cosa responder, se iban a sentar
en el umbral, para engañar el hambre, soñaban con carretillas
de oro con papas humeantes, con una montaña de queso de oveja,
una casita de azúcar....
Un día, mientras soñaban, llegó un viejecito magro
y consumido, que llevaba en la espalda una guitarra y en una mano, una
flauta.
El llevaba también en la espalda una bolsa llena, que los niños
miraban con mucha esperanza.
- Yo soy Chicho, un amigo de su papá – dijo aquel extraño
personaje – y vengo de Viggiano, un pueblo de la música .
Éstos dos instrumentos me fueron confiados por él, cuando
ya enriquecido, se compró ésta cabaña para casarse.
Ahora yo también he hecho mis ahorros y los ayudaré.
Y diciendo así, sacó de aquella bolsa una gorda hogaza de
pan con forma de aro adornada con huevos duros y la puso en el regazo
de la mujer, la cual lo miró con ojos brillantes de emoción
y de gratitud por aquella generosidad inesperada. ¡ Finalmente alguien
pensaba en sus hijos !!
Después el hombre comenzó a tocar alegres canciones populares.
Los chicos, que ya se dirigían hacia el pan, se inmovilizaron encantados.
- ¡ Son verdaderos lucanios , llenos de música hasta los
huesos ! –dijo contento el hombre-yo les daré éstos
instrumentos y les enseñaré a tocarlos.
Girarán también ustedes por el mundo, dando con las canciones
un poco de serenidad y felicidad a los hombres, cansados de trabajos y
de penas; ellos no serán avaros con ustedes y el bienestar regresará
a la cabaña, a vuestra madre no le faltará nunca nada ....
El hombre se fue. La mujer se puso a cortar el pan, su rostro finalmente
había sido iluminado por la esperanza. |
C A L A B R
I A
Narran los canta-historias calabreses que hubo un tiempo remoto en el
que la vid era una simple planta ornamental : no producía ni flores
ni frutos.
Vino la primavera y el campesino decidió cortarla :
- ¡ Ésta planta da sombras a los sembrados – dijo –
la reduciré lo más chica posible!!
Dijo y hecho : la podó así tan enérgicamente que
de la verde planta no quedaron más que pocas ramas desnudas y cortas.
Lloró la vid, y un ruiseñor tuvo piedad de ella :
- No llores – dijo – yo cantaré para ti y las estrellas
se moverán al compás.
Voló sobre las pobres ramas truncas, se aferró con las patas
y, a la noche, comenzó a cantar tan dulcemente que la vid se sintió
renacer.
Por diez noches, las notas trinantes subieron hacia las estrellas, hasta
que éstas se conmovieron e hicieron descender un poco de sus fuerzas
sobre la pobre planta mutilada. Entonces la vid sintió recorrer
en sí misma una linfa nueva, sus nudos se hincharon, sus yemas
se abrieron. Los primeros sarmientos verdes se ondulaban en la brisa y
tenues rizos verdes, los zarcillos, se alargaron para envolverse como
una caricia entorno a las patas del pajarito. Cuando el ruiseñor
se fue , ya las pepitas del primer racimo se doraban a la luz del alba.
La vid se había trasformado en una planta fructífera. ¡
Y que planta !. El fruto poseía la fuerza de las estrellas, la
dulzura del canto del ruiseñor y el luminoso deleite de las noches
estivales.
Si van a Calabria, vedràn éstas plantas extraordinarias
: troncos bajos con gruesos sarmientos enroscados a flor de tierra, sarmientos
ricos de verdes hojas.
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C A M P A N I A
Hace muchos, muchos años, en Castellammare de Stabia, hubo
una terrible carestía. Los habitantes, desesperados, rogaron a
su Patrono, San Catello, de ayudarlos en alguna forma.
En aquellos días, un barco lleno de granos se encontraba navegando
lentamente, a lo largo de las costas de Campania, hacia los mercaderes
de España.
- ¡ Una barca a la vista – gritó de golpe el marinero
centinela.
Sobre una pequeña barca que se estaba acercando a la nave había
un viejecito de aspecto venerado que pedía hablar con el capitán.
Fue conducido frente a su presencia-
- Lleven su grano a Castellammare de Stabia –les aconsejó
– allá lo venderán bastante bien. Como prenda les
dejo esto.
Y les dio un anillo con un bellísimo diamante, alejándose
después.
Un poco incierto, el capitán terminó por seguir el consejo
del desconocido, considerando también que, si verdaderamente habría
podido vender el grano en Castellammare, habría abreviado el viaje.
En Castellammare fue recibido como un salvador, y su grano fue adquirido
al instante por sus habitantes.
Contento por los buenos negocios concluidos, el capitán describió
a todos la figura del viejecito que lo había aconsejado, quería
ir a agradecerle y a devolverle el anillo. Nadie sabía nada. Finalmente
un pueblerino exclamó :
- ¡ Pero parece describir a San Catello, nuestro Protector, venga
a verlo !.
Entonces el capitán fue conducido a la iglesia, delante de la estatua
del Santo Obispo.
- ¡ Pero es el mismo ! – gritó, estupefacto, el capitán.
- ¡ Le falta el anillo obispal! – observó alguien.
- ¿ Es quizás éste? Me lo había dado él.
Y el mercader, conmovido, repuso en el dedo del Santo el anillo que le
había dado en prenda.
San Catello había salvado a su ciudad de la carestía, evitando
hambre y miseria, con un simple y maravilloso milagro. |
C E R D E Ñ A
Los romanos habían acampado sobre las costas
de Cerdeña, sobre todo, atraídos por las minas de plomo.
Pero los habitantes de las montañas, atrincherados en las grutas,
opusieron tenaz resistencia.
En aquel tiempo vivía un joven llamado Ostio, valiente y feroz,
que era el nieto de uno de los pastores más autoritarios; cansado
del estado de las cosas, un día Ostio reunió a sus amigos
en una gruta y les dijo :
- ¡ Es necesario aplastar a los romanos, vamos nosotros a combatirlos
!!!.
- ¡ Vamos !!! – respondieron sus amigos
- Pero no digamos nada a nadie – recomendó Ostio –
no nos dejarían partir. Ésta noche partimos todos a caballo.
Aquella noche, una treintena de jóvenes, partieron montados en
los vigorosos caballos sardos.
Nadie, en las grutas, se dio cuenta del temerario tentativo pero, un pastor
que cuidaba su rebaño, vio recorrer a éste grupo ya lejos,
sobre la calle, en dirección al campamento de los romanos y dio
la alarma.
En un instante todos los pastores estuvieron listos para el seguimiento.
Pero no había más caballos y así no era posible reunirse
con los jóvenes. Dejando a las mujeres llorando, los hombres se
pusieron en camino, pero sus esperanzas eran pocas :
- No estamos a tiempo para salvarlos – decían- pero nos vengaremos.
Al alba, lejos del valle, vieron una nube de polvo. Se quedaron quietos,
listos para el ataque. Pero allí, sobre sus caballos, estaban los
jóvenes desarmados pero intactos.
Alrededor de ellos, venían una hilera de legionarios romanos, con
sus insignias brillantes.
Los pastores se pararon estupefactos. Un centurión avanzó
hacia ellos :
- Aquí tienen a sus hijos. Nosotros no combatimos con jóvenes
– dijo.
- Pero estaremos muy contentos de ser amigos de gente que tiene una juventud
similar – contestaron los pastores.
Entonces, aquello que la fuerza no había podido obtener, lo obtuvo
la magnanimidad : los rudos pastores dejaron caer sus armas y elevaron
sus brazos para saludar las insignias latinas.
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E M I L I
A R O M A G N A
Hace 9 siglos un pobre peregrino griego, mientras visitaba la Iglesia
de Santa Sofía en Constantinopolis, el célebre templo cristiano
transformado en mezquita, dio un vistazo a una pequeña tabla donde
estaba pintada la imagen de la Virgen.
Atontado, miró mejor y leyó sobre el fondo oscuro : “
Obra de San Lucas, para colocar en su iglesia, sobre la colina de la Guardia
”.
- “ ¿ Por qué entonces lo dejan aquí ? - pensó
Teoque - yo lo llevaré al destino ”.
Dicho y hecho : se apoderó del cuadro y partió.
A todos aquellos que encontraba les preguntaba :
- ¿ Me sabría indicar la calle para ir a la colina de la
Guardia ?.
Pero todos lo miraban estúpidos y sacudían la cabeza.
Teoque atravesó Turquía , Grecia, Armenia, Persia, Arabia
.... Ninguno sabía nada.
Entonces, desesperado, atravesó el mar y desembarcó en Italia.
Recorrió toda la península, siempre repitiendo la misma
pregunta, pero ninguno sabía responderle.
- Niño, - preguntó un día sin esperanza a un chico
que pasaba – me sabrías decir por casualidad donde está
la colina de la Guardia ?.
- Pero allá está! – respondió el niño
– detrás de tu espalda !!.
Sobre la colina encontró un pequeño lugar solitario, los
pocos monjes lo recibieron con reverencia y tomaron de sus manos la sagrada
imagen que pusieron en su pequeña Iglesia.
Contento de haber cumplido su promesa, el peregrino partió enseguida
y de Teoque no se supo más nada. Pero se corrió la voz del
extraño hecho y siempre fue más numerosa la cantidad de
peregrinos que subieron a la colina, al convento, y la imagen fue celebre.
Fue así que los boloñeses hicieron sobre la colina un gran
templo : es el santuario de San Lucas, sobre la colina de la Guardia,
al cual se llega por un largo pórtico que desde la ciudad se desata
por 3 Km. y medio hasta la cima.
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L A Z I O
La batalla enfurecía sobre las orillas del Tèvere. Turno,
el rey de los Rutuli, hombre muy fuerte, combatía contra las fuerzas
de Enea y de los Latinos, amenazando de muerte y ruina al héroe
de Troya y a sus aliados.
Improvisamente le fue a su encuentro un joven bello y valiente, armado
con una larga lanza de fresno ferrada en la punta :
- Retrocede muchacho !!! – gritó Turno enfurecido –
sin no quieres que te atraviese con mi lanza !! Ésta no es una
batalla para jóvenes.
Pero Pallante, el joven guerrero, enardecido de amor por su tierra, le
lanzó sin miedo su arma, con toda la fuerza del entusiasmo juvenil,
seguro de herir de muerte al feroz guerrero.
La lanza rebotó en el escudo de su enemigo y cayó al piso
rompiéndose en muchos pedazos.
Enseguida Turno arrojó su arma, más bien poderosa, que traspasó
el escudo e hirió de muerte al joven, acertándole en el
corazón.
Terminada la batalla, Evandro, el padre de Pallante, depositó los
despojos de su hijo en una tumba excavada en la roca y puso al lado una
lámpara encendida.
Cerró la sepultura y plantó una zarza de maraña sobre
el sepulcro, para que nadie encuentre la tumba y viole el reposo de Pallante.
Pasaron los siglos. Surgió y floreció la potencia de Roma,
y sucesivamente, los bárbaros invadieron nuestras tierras, imponiéndose
con hierro y fuego.
Un día, buscando tesoros escondidos, algunos guerreros bárbaros
arrancaron la maraña que cubría la antigua tumba y abrieron
la sepultura. Quedaron petrificados. La lámpara todavía
ardía, después de tantos siglos, al lado del cuerpo intacto
del bellísimo joven muerto por la libertad de su patria.
Poseídos por el terror y reverencia, aquellos saqueadores repusieron
la lámpara en su lugar y cerraron la tumba sin tocar nada alrededor
de Pallante.
Aquella llama, afirman los romanos, continúa todavía brillando
en las entrañas del Colle Palatino, como un símbolo de la
civilización latina.
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L E M A R C H E
En el escudo de armas de Fabriano, se destaca un herrero que golpea el
hierro sobre un yunque.
Este herrero tenía su fragua debajo de un puente, cerca de una
larga extensión sobre la arena del río, entre el barrio
de Poggio y el de Castelvecchi. Todos, antes o después, necesitaban
de él.
Entre sus clientes había dos hermanos que se odiaban a muerte,
tanto que vivían lo más alejado posible uno del otro : uno
en Poggio y el otro en Castelvecchio.
Cuando tenían que ir del herrero, evitaban encontrarse. Pero la
curiosidad era más fuerte que el rencor :
- ¿ Que es lo que dice de mí el hermano mío ? –
preguntaba el primero.
- Hablaba muy bien, señor !!! – respondía el capaz
herrero.
- ¿ Le ha hablado de mi aquel bribón? – preguntaba
el otro.
- Más que eso !!! y muy bien, señor !!! – aseguraba
el obrero.
Pero un feo día se encontraron los dos hermanos, sobre el puente,
y enseguida se pelearon; se dijeron tanto que terminaron por retarse a
duelo.
Se encontraron frente al arenal del río. De lejos, la gente, se
quedaba para mirar.
Reclamado por el alboroto de la multitud y por el choque de las hojas
de las espadas, el herrero corrió en socorro :
- ¿Qué hacen, señores ? – gritó - ¡
Por el Amor de Dios, recuerden que son hermanos !!!.
Los dos arrebatados quedaron retenidos.
- ¿ Por que siempre tenemos que matarnos ? – gritó
finalmente uno de esos.
- ¿ Que razones hay finalmente para continuar odiándonos
así ? – sostuvo el otro.
Y tomados por una repentina conmoción, los dos dejaron caer las
armas y se abrazaron.
En conmemoración a aquella reconciliación, los habitantes
de Fabriano eligieron la figura del buen herrero para decorar el escudo
de armas de su ciudad, escudo que es el actual.
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L I G U R
I A
En las costas de La Spezia están las ruinas en el lecho del rió
Magra.
Allá, en tiempos antiquísimos, surgía la maravillosa
ciudad de Luni, toda rodeada de fuertes muros. En el límpido cielo
se recortaban las altas torres y los bellos palacios de mármol
blanco; los habitantes eran célebres por la vida rica y refinada.
Pero un día el terror se difundió por la ciudad : los centinelas
habían avistado en el horizonte las naves de los piratas. Eran
los vikingos, que en sus frías tierras del norte, habían
sentido narrar maravillas de las ricas ciudades de Italia.
- Vamos a conquistar Roma !!! - había incitado Hastings, su jefe.
Y rápidamente los más fuertes guerreros habían partido.
Así ellos se acercaron a una magnifica ciudad que resplandecía
sobre la costa .
- Es de verdad Roma !!! - pensaron aquellos bárbaros – de
allá traeremos riquezas inmensas !!!!! .
Era en cambio Luni.
La fuerte ciudad cerró las puertas y se defendió valerosamente
en vano, los vikingos la atacaron más y más veces.
Viendo inútiles las tentativas, los piratas recurrieron a una estratagema
. De unas de las naves se separó una haciendo señas de paz.
Se bajaron unos hombres que llevaban una camilla :
- Nuestro jefe ha sido herido y antes de morir quiere hacerse cristiano.
Dejen que reciba el bautismo en vuestra Catedral – rogaron.
Compadecidos y tontos, los habitantes de Luni abrieron una puerta al pequeño
cortejo. Pero cuando la camilla estuvo en el corazón de la ciudad
saltó Hastings. Sus compañeros tomaron las armas escondidas
debajo de las cobijas y asaltaron a los habitantes de Luni, que, tomados
de improviso , no hicieron a tiempo a frenar el ímpetu de los invasores.
La ciudad fue tomada y destruida. De ella queda solo el recuerdo. La zona
donde ésta surgía conserva hoy el nombre de Lunigiana.
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M O L I S E
Un día, el hijo del rey, cortando una ricota, se hirió un
dedo y una gota de sangre manchó la ricotta. Entonces, dirigiéndose
a su madre:
- Mamá – dijo – quisiera una esposa blanca como la leche
y roja como la sangre.
- Hijo mío, es imposible encontrar una joven que sea blanca y roja
al mismo tiempo. Si quieres, búscala.
El joven príncipe se puso en camino y, camina y camina, un día
se encontró por casualidad con un viejo y le dijo:
- Busco una mujer blanca como la leche y roja como la sangre.
- Hijo mío, no será fácil. Pero toma éstas tres
granadas. Ábrelas y verás. Pero recuerda, hazlo solo cerca
de una fuente.
El joven rompió la primer granada y salió de allí una
joven blanca como la leche y roja como la sangre que dijo :
- Dame de beber, estoy muriendo!!!.
El hijo del rey no hizo a tiempo a llevarle agua a sus labios y espiró.
Abrió entonces otra granada, pero también ésta joven
murió antes que pudiera darle de beber. Rompió entonces la
tercer granada y salió de allí otra joven más bella
todavía que las otras dos. Le tiró sobre la cara el agua y
vivió.
Después no tenía nada para vestirse, el príncipe le
dijo que suba a un árbol y que estuviera atenta a su regreso. Pasaba
por allí, de casualidad, la fea Sarracina que con engaño devolvió
a la joven transformada de nuevo a la granada. El príncipe, viendo
a la fea Sarracina, exclamo:
- Eras blanca como la leche y roja como la sangre, ahora te has transformado
negra y fea !
- El sol y el aire me han hecho esto – respondió la fea Sarracina.
El hijo del rey la condujo a la corte y la tuvo que desposar.
Entre tanto, una viejecita, viendo sobre un árbol aquella espléndida
granada la tomó y decidió conservarla para su belleza.
Cada día salía del fruto, sin su consentimiento, una joven
y le ordenaba la casa. Un dìa la sorprendiò :
- ¿ Quién eres, qué haces en mi casa?
La joven le explicó la triste historia y la viejecita, apiadándose,
la condujo a la corte, donde fue reconocida como la joven de la granada;
el joven, airado por el engaño de la fea Sarracina, la echó
del castillo y se unió en feliz casamiento a la mujer que había
siempre deseado y de quien había guardado el recuerdo por tanto tiempo.
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P U G L I A
Las ánforas preciosas venidas a la luz en las excavaciones del
Tarantino, y las lápidas con la figura de Baco ( místico
dios del vino ), dicen la importancia que había tenido también
en el pasado para este pueblo la riqueza vitivinícola que ha hecho
a la región famosa en la antigüedad.
Cuando el joven dios Baco arribo a Puglia con su cortejo de Fauni ( dios
protector de las manadas ) y de Bacanti ( sacerdotisa de Baco ), navegando
desde la costa de la Magna Grecia, se halló en unos campos pedrosos
donde crecía una vegetación pobre y penosa.:
- ¡ Que tierra ! – exclamó enojadísimo. Y con
el zapato dorado hizo saltar lejos las piedras y tierra árida quemada
por el sol.
- ¡ Pero mira un poco ! – exclamó después maravillado
– aquí al menos hay una ramita todavía verde ! Debe
ser resistente si no se ha secado en ésta tierra inhóspita
.
La recogió y lo consideró pensativo :
- Salvemos al menos esto – dijo .
Y cavando un hoyo en el terreno la plantó. Después fue a
buscar un poco de agua para regarla y para ablandar el terreno alrededor
de la planta.
Cuando regresó, el viento impetuoso en aquella zona sin árboles,
había ya abatido la ramita y la había echado lejos.
- ¡ Por Júpiter – gritó indignado – aquí
es necesario ayuda !!!.
Buscó unos soportes, pero no había más que piedras,
ni un bastoncito, ni una caña ...
Aquí y allá, desparramados entre las piedras, relucía
solo huesos de animales devorados por los lobos.
Eligió tres e hizo un sostén para la plantita. Eran unos
huesos de león, uno de mono y otro de cerdo.
Después Baco retomó el viaje a través del mundo.
La ramita creció y dio bellísimos racimos. Pero la planta
había absorbido las características de los tres huesos que
la habían sostenido. Los hombres se dieron cuenta cuando exprimieron
las uvas y saborearon el optimo vino que obtuvieron. La primera copa les
daba coraje como el león, la segunda jovialidad y alegría
como el mono, pero la tercera, hay de mí, los hacía asemejar
terriblemente al cerdo. Así los puglieses explican a los forasteros
las características y los peligros de sus fuertísimos vinos.
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S I C I L I A
Anfipione y Anapia vivían felices con el padre y la madre, sobre
la falda del Monte Etna. Alrededor de su rica casa estaba la tierra fértil,
donde se hacían dos cosechas al año.
Sus vidas transcurrían tranquilas.
Pero, una noche, el volcán se despertó. Detonaciones volcánicas
aterrorizaban a los habitantes del valle; al alba, una humo negro cubrió
el cielo oscureciendo el sol. Después del cráter emergieron
casquillos de lava encendidos.
Cuando la lava comenzó a bajar como un río de fuego hacia
la zona habitada, cada uno se puso a salvo, llevando consigo las cosas
más queridas y preciosas.
También Anfipione y Anapia huyeron con sus padres. Pero bien pronto
padre y madre, que eran viejecitos y enfermos, no tuvieron más
la capacidad de seguir por sus propios medios.
En tanto, la lava se acercaba, quemando todo a su paso : las casas arruinadas,
las plantas se incendiaba, se transformaba todo en un desierto de piedra.
- ¡ Huyan , hijitos, sálvense al menos ustedes !! –
gritaban los dos viejecitos.
Los dos hermanos, en cambio, no les hicieron caso a lo que decían
sus padres, y se los cargaron en sus espaldas y comenzaron fatigosamente
el camino.
Pero la colada de lava era más rápida que sus pasos.
- ¡ Huyan o estarán perdidos !!!... ¿ No ven que estamos
por ser rodeados ?. ¡Ustedes dos,
solos, pueden todavía salvarse !!! – imploraban por segunda
vez los padres.
Pero los dos jóvenes no renunciaron a su generoso intento . Cuando
sintieron que les faltaban las fuerzas, sin una palabra, se abrazaron
todos, y juntos, esperaron el fin.
Pero delante a aquella prueba de amor más fuerte que la muerte
pareció que también el fuego haya sido tomado por el respeto.
El torrente de lava, cerca , a la altura de los cuatro infelices, se dividió
y ellos quedaron ilesos , pudiendo después ponerse a salvo.
Cuando la vida renació a las faldas del Etna, los cataneses erigieron,
en honor a los dos jóvenes, un monumento. Todavía hoy el
lugar donde acaeció el hecho conserva el nombre de “ Campi
Pii ” ( Campos Piadosos ) para recordar el amor filial de Anfipione
y Anapia.
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T O S C A N A
Un día el diablo, en sus excursiones por el mundo, en busca de
almas para llevar al infierno, llegó sobre las colinas metalíferas
y se miró alrededor :
- ¿ No hay nada para mi aquí ?.
Pero que !!! ... toda gente buena, trabajadora !!!.
Cosechaban castañas y cazaban jabalís en la selva, labraban
con el arado la tierra roja, los pastores a caballo conducían los
bueyes a pastorear o hacían pozos en la tierra para encontrar turba.
- Puaj !! – dijo el diablo indignado – son pobres y ni siquiera
roban !!!.
Entonces pensó en vengarse.
- Traeré yo un poco de infierno a ésta tierra bendita –dijo
e hizo un hoyo bajo la tierra, hundiéndose, y comenzó a
soplar.
- ¿ Que es lo que sucede ahora ? – se preguntaban asombrados
los habitantes.
De la tierra salían chorros de agua caliente, silbaba el vapor,
humos malolientes sacaban la respiración ... una nube opaca oscurecía
el aire.
- Nosotros no hemos hecho nada de malo ... no debemos temer nada !!! –
concluyeron finalmente los habitantes.
- Si Dios lo ha permitido, también éste extraño fenómeno
servirá para algo.
Y pacíficos de pusieron a trabajar.
Pero después pensaron que quizás se podría utilizar
también éste extraño fenómeno de la Naturaleza.
Fabricaron unas grandes cúpulas que cubrían los cañones,
frenando así el vapor y utilizando medios ingeniosos obtenían
el ácido bórico.
Cuando el diablo vio que esa gente extraordinaria, de las surgentes del
infierno obtenía riquezas, se hundió con un grito de rabia
en su reino.
Pero esos cañones humeantes quedaron, con las centrales eléctricas
a las que da vida, y las fabricas surgieron más numerosas en sus
alrededores pareciendo elevar un himno a los prodigios del trabajo y de
la técnica humana. |
T r e n t i n o - A
l t o A d i g e El estupendo
lago de Carezza es celebre por la riqueza de colores que tiene en las
horas del día o en las diversas estaciones.
Una antigua leyenda pretende explicar el origen del fenómeno recurriendo
a una historia sugestiva y delicada.
En el tiempo de los tiempos, en el lago de Carezza, vivía una bellísima
linfa que a veces se sentaba a la orilla para cantar peinándose
los largos cabellos rubios y ensortijados.
Pero apenas alguien turbaba la soledad del lugar, la bella linfa se zambullía
en las olas desapareciendo rápidamente. Sobre Latemar, el monte
que se refleja en las aguas del lago todo cubierto de un gran bosque desde
la cima hasta las faldas, vivía un hechicero que se enamoró
de la linfa y decidió de secuestrarla para hacerla su esposa.
Pero en vano uso todas las estratagemas para acercarse, en vano recurrió
a las artes mágicas: nada parecía turbar la bella linfa.
Entonces, desesperado, consultó a una bruja que vivía sobre
el vecino Catinaccio:”Te enseño yo, -le dijo aquella-, fabrica
un arco iris para unir el lago con la veta del Latemar. Verás como
la linfa, ávida de curiosidad, saldrá de las aguas: no ha
visto nunca el argo iris. Tu disfrazado de mercader llena tu bolsa con
ricas joyas para ofrecerle y verás que lograrás arrastrarla
a tu bosque de donde es difícil huir.”
El hechicero hizo lo que se le había aconsejado. El día
después un magnifico arco iris deslumbrante de siete colores resplandecía
en el cielo terso y sereno uniendo como un puente de luz la montaña
con el lago centellante.
Enseguida la linfa salió para admirarlo. Entonces el hechicero,
olvidándose de disfrazarse de mercader, se precipitó hacia
la bella criatura para amarrarla. Pero ágilmente la linfa se sumergió
en la profundidad del lago, mientras resonaba la carcajada burlona de
la bruja, que había seguido la escena.
Enfurecido, el mago malvado, para desahogar su ira, tomó el arco
iris y lo despedazo; los trozos luminosos cayeron en el lago y, dice la
leyenda, transmitieron a las aguas aquellos reflejos , aquellos extraordinarios
colores que todavía hoy suscitan la maravilla de los turistas.
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UMBRIA
Hace muchos siglos vivía, cerca de Terni, un horrible monstruo.
Ninguno más podía viajar seguro, porque éste agredía
a todos los viajeros, y a veces vencido por el hambre, se acercaba hasta
las puertas de la ciudad donde sus habitantes vivían atrincherados.
En vano el Consejo de Ancianos había pedido a los más fuertes
guerreros combatir con el monstruo : todos, con varias excusas, lo habían
rechazado.
Finalmente se acercó un joven de la familia de los Cittadini :
- Yo enfrentaré el dragón – declaró.
Solo, intrépido, el campeón salió de la ciudad. La
multitud se amontonó sobre los muros para seguir ansiosa el combate.
Escondido entre las cañas, en el corazón del pantano, el
dragón parecía dormitar. Pero apenas el caballero se acercó,
se le abalanzó con ímpetu tan de repente que el joven se
arriesgo de ser atropellado.
Un alarido de espanto y de desesperación se elevó de la
multitud. Pero el caballero no se alteró : saltando de derecha
a izquierda para evitar los ataques, movió fulminantemente la espada
y golpeó más veces al dragón.
Los golpes de espada parecían pinchazos de alfileres contra la
fuerza brutal del monstruo. Pero lo imprevisible vino en socorro del caballero.
Las nubes se abrieron y un rayo de sol golpeó la reluciente coraza
del joven guerrero : la armadura reflejó el sol como un espejo
y encegueció por un momento al monstruo. Rápido, el joven,
se lanzó y traspasó la garganta del dragón , su único
punto vulnerable. Con un alarido salvaje, la bestia se derrumbó.
Incrédula, loca de alegría, la multitud desbordó
de las puertas y llevó en andas a su libertador. Terni estaba salvada.
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F r i u l i – V e
n e z i a – G i u l i a En las tierras venetas cuando
suena el temporal, cada pueblo tiene sus costumbres para “desconjurar”
el peligro del mal tiempo. Pero el remedio principal es siempre aquel
de sonar las campanas para invitar al pueblo a la oración y suplicar
a los espíritus celestiales de venir en auxilio de los pobres agricultores
que perdiendo la cosecha, perderían su única fuente de riqueza.
A Farra se narra ésta antigua leyenda.
Una noche, el párroco de aquella ciudad, paseaba por los campos,
admirando la belleza de las mieses cuando encontro un desconocido al que
ensalzo los productos de aquella tierra.
- Vea como es bella la cosecha de este año : la Bendición
de Dios ha descendido sobre estos campos.
Pero el extranjero respondió burlonamente: - Es todo bello, pero
yo tengo muchos caballos que podrán pisotear en pocos minutos toda
esta campiña y destruirles las riquezas. ¡¡ Para mi
todo es posible!!! –
¿Quién podía tener tanta maldad sino el demonio?
El párroco lo entendió muy bien y le respondió:
- Yo tengo muchos frenos y bocados para poder tener en freno a todos tus
caballos.
Después corrió a la iglesia a rezar y ordenó que
apenas apareciera la más pequeña nube todas las campanas
sonaran en forma continuada y su canto subiría la cielo.
Por ello, los caballos a los cuales se refería el diablo era el
granizo, y los frenos a los cuales se refería el párroco
eran las plegarias.
Pocos instantes después, el cielo se cubrió de nubes, el
trueno sonó y el granizo comenzó a caer ruidosa y abundantemente.
Las campanas no cesaban de sonar, toda la población, reunida en
la iglesia, rezaba con fervor junto a su párroco.
Después, finalmente el temporal cesó de devastar.
El granizo había caído en gran cantidad, gordo y pesado,
pero se había juntado todo en el patio de la canónica, con
tanta abundancia que el párroco no pudo entrar en la casa hasta
que no lo limpien. En compensación las campiñas estaban
intactas, las mieses que les había costado tanto trabajo a los
agricultores, las tendrían garantizadas para todo el invierno,
alejando el hambre y la pobreza.
Con las campanas y con las plegarias, el hombre de Dios había sabido
frenar los caballos del demonio.
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V e n e t o
Los veroneses están orgullosos de su teatro al
aire libre, la celebre Arena, y cuentan una leyenda a propósito
de su construcción.
En Verona había una vez un señor rico que había sido
encarcelado y después condenado a muerte bajo una grave acusación.
La noche que precedía el día de la ejecución, en
su celda, apareció el diablo:
- Amo, - le dijo el espíritu maligno -, yo puedo salvarte.
- Y como? dijo el condenado.
- Desde hace tiempo, los veroneses, desean un gran teatro : ofrécete
para construirlo y pide a cambio la libertad.
- Pero yo tengo que morir mañana a la mañana, – replicó
el condenado -, nadie puede hacer surgir un teatro en una noche.
- Yo puedo. – se jactó el príncipe de las tinieblas
– si tu me das tu alma.
Obligado por el terror a la muerte, el condenado, aceptó el pacto.
El acuerdo no estaba todavía firmado y ya la noche se llenó
de demonios que trabajaban.
Pero el condenado no tenía paz y en la oscuridad de su celda rezaba
: -¡ Salva mi alma, Virgen Santa, yo no sabía lo que hacía!!
Largas y angustiantes pasaron las horas de la noche. Al estupendo teatro
le faltaba solamente un pequeño tramo para ser completado.
La noche era todavía profunda. Pero en un instante las campanas
comenzaron a sonar las dulces notas del Ángelus : una mano invisible
las había movido algunos minutos antes del alba.
Con aquel sagrado sonido, con un grito de rabia y estupor, los demonios
se precipitaron en el infierno. La Arena no estaba terminada, el demonio
había perdido su presa.
La sincera oración del condenado había llegado hasta la
Virgen Maria que había enviado a sus ángeles a tocar las
campanas antes de tiempo.
El estupendo teatro, pero, alcanzó para pagar la libertad del prisionero.
Y así que desde entonces, según la leyenda, la celebre Arena
ha quedado para dar brillo a la ciudad de Verona.
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01 de septiembre de 2005
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